Habían pasado dos
meses de su partida.
Sonará raro, pero
después de tantos años lo que extrañaba no era el amor, sino la compañía. Él lo
sabía, pero poco a poco la esperanza de que ella siguiera viva se le
agotaba.
-"¿Por qué me
dejaste?", era la única pregunta que rondaba por su cabeza, diario, a
todas horas, en todo momento. Dicen que la muerte no se supera fácil, que
el dolor agobia, que no acepta medicinas, que a veces no hay cura. Eso él lo
tenía claro, ella era su todo.
A finales de los
años 50's él disfrutaba la vida: bebiendo con los amigos de la vecindad,
jugando baraja y de vez en cuando practicando box. Era un escape para la triste
realidad (a su forma de ver las cosas) en la que se encontraba.
Una vecindad vieja
que simulaba un basurero, pobreza que permitía la muerte lenta de cada uno de
sus habitantes; con tanta escasez de comida, agua y alimento el
promedio de vida de aquella población era de aproximadamente 40 años.
Así transcurría su
adolescencia, con tanta falta de cariño y al cuidado de su madre, quién era
exigente y con quién debía tener un trato sumamente especial para evitar sus
arranques de ira.
"La vida
injusta", como él la hacía llamar, en donde la felicidad no existía para
los que habían nacido pobres. En donde el amor era inexistente y en donde no
había ilusiones. No había nada.
Incluso dudaba de la
existencia de un Dios, a pesar de haberle sido inculcada la religión católica.
"Si Dios existiera, todos seríamos iguales, seríamos felices. Dios no existe."
Era la afirmación
que le hizo sombra durante toda su vida. Alguien o algo en que depositar la
poca fé que existía en su ser, algo en que creer. Ni siquiera podía creer en él
mismo.
A pesar de tener
varios hermanos (4 para ser exactos), nunca tuvo la confianza para apoyarse en
alguno de ellos. Le gustaba hacer las cosas a su manera y solo.
Así anduvo por la
vida: solitario. Tal vez sentía desilusión por la humanidad, tal vez la soledad lo
impulsaba a ser mejor. Pero no podía estar solo todo el tiempo; eso acababa con su alma lentamente.
Igual no esperaba lo
que le tenía preparado el camino: curioso que lo que más vida le dio, sería lo
mismo que lo haría morir.
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