sábado, 28 de julio de 2012

Apolonio.


Habían pasado dos meses de su partida. 
Sonará raro, pero después de tantos años lo que extrañaba no era el amor, sino la compañía. Él lo sabía, pero poco a poco la esperanza de que ella siguiera viva se le agotaba. 
-"¿Por qué me dejaste?", era la única pregunta que rondaba por su cabeza, diario, a todas horas, en todo momento. Dicen que la muerte no se supera fácil, que el dolor agobia, que no acepta medicinas, que a veces no hay cura. Eso él lo tenía claro, ella era su todo.

A finales de los años 50's él disfrutaba la vida: bebiendo con los amigos de la vecindad, jugando baraja y de vez en cuando practicando box. Era un escape para la triste realidad (a su forma de ver las cosas) en la que se encontraba. 
Una vecindad vieja que simulaba un basurero, pobreza que permitía la muerte lenta de cada uno de sus habitantes; con tanta escasez de comida, agua y alimento el promedio de vida de aquella población era de aproximadamente 40 años.
Así transcurría su adolescencia, con tanta falta de cariño y al cuidado de su madre, quién era exigente y con quién debía tener un trato sumamente especial para evitar sus arranques de ira.
"La vida injusta", como él la hacía llamar, en donde la felicidad no existía para los que habían nacido pobres. En donde el amor era inexistente y en donde no había ilusiones. No había nada.
Incluso dudaba de la existencia de un Dios, a pesar de haberle sido inculcada la religión católica. "Si Dios existiera, todos seríamos iguales, seríamos felices. Dios no existe."
Era la afirmación que le hizo sombra durante toda su vida. Alguien o algo en que depositar la poca fé que existía en su ser, algo en que creer. Ni siquiera podía creer en él mismo.
A pesar de tener varios hermanos (4 para ser exactos), nunca tuvo la confianza para apoyarse en alguno de ellos. Le gustaba hacer las cosas a su manera y solo.
Así anduvo por la vida: solitario. Tal vez sentía desilusión por la humanidad, tal vez la soledad lo impulsaba a ser mejor. Pero no podía estar solo todo el tiempo; eso acababa con su alma lentamente. 
Igual no esperaba lo que le tenía preparado el camino: curioso que lo que más vida le dio, sería lo mismo que lo haría morir.

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