lunes, 30 de julio de 2012

Apolonio

La familia se encontraba preocupada por Apolonio. Todos saben que la reacción ante la muerte de un ser querido varía de acuerdo a cada persona; la de Apolonio resultó ser más dramática de la que todos esperaban. Apolonio se resistía a encontrar resignación y se conformaba con el simple hecho de saber que el amor de su vida se encontraba descansando en un mejor mundo.
Pero tenía que entender que una cosa era conformarse y otra aceptar la magnitud de la situación; y finalmente no podía andar por el resto de sus días tristeando y llorando, incluso cuando Cecilia le había encargado que "los muchos o pocos días que le quedaran fuera feliz".
Pero ¿cómo haces entender a un necio?
Era obvio que cada que alguien le preguntara por ella habrían de salir lágrimas porque, finalmente, era un hecho muy reciente y un dolor así de grande no se olvida de un día para otro.
Pero de eso a obligarse a recordar y por lo tanto sufrir por la ausencia de Cecilia...  hablaba de que Apolonio tenía un problema.
La depresión lo había hundido y era algo que él se negaba a aceptar, así que la familia decidió reunirse en junta y tratar de explicarle lo que le pasaba.
-Nosotros te podemos escuchar, pero no podemos ayudarte. Necesitas ayuda de un profesional...
Sin embargo, era mucha la necedad de Apolonio, y cual adolescente en plena etapa de pubertad, él solo buscaba defenderse y excusarse en otras cosas.
¡Es tan difícil que un enfermo acepte que tiene un problema! Así transcurrió toda la noche, en medio de discusión, llanto, plática, enojo, tristeza.
Todo en vano, porque la necedad lo cegó por completo y se negó a escuchar razones. "Ya nunca me van a volver a ver feliz" fue la única conclusión de la plática.
Apolonio se encontraba muy dolido, no solo por la muerte de Cecilia, si no porque tenía mucha culpa y remordimientos. Eso destruía poco a poco su alma y era lo que no lo dejaba vivir en paz; eso en conjunto con la ausencia de su compañera de vida.
Era su karma, vivir "solo" y sin que nadie lo entendiera. Pero de igual forma él no entendía que la soledad él mismo la marcaba, pues su familia en ningún momento le negaba compañía y al contrario, buscaban estar cerca para que sintiera que a pesar de que Cecilia ya no estaba con ellos, él seguiría siendo amado por todos. 

sábado, 28 de julio de 2012

Apolonio.


Habían pasado dos meses de su partida. 
Sonará raro, pero después de tantos años lo que extrañaba no era el amor, sino la compañía. Él lo sabía, pero poco a poco la esperanza de que ella siguiera viva se le agotaba. 
-"¿Por qué me dejaste?", era la única pregunta que rondaba por su cabeza, diario, a todas horas, en todo momento. Dicen que la muerte no se supera fácil, que el dolor agobia, que no acepta medicinas, que a veces no hay cura. Eso él lo tenía claro, ella era su todo.

A finales de los años 50's él disfrutaba la vida: bebiendo con los amigos de la vecindad, jugando baraja y de vez en cuando practicando box. Era un escape para la triste realidad (a su forma de ver las cosas) en la que se encontraba. 
Una vecindad vieja que simulaba un basurero, pobreza que permitía la muerte lenta de cada uno de sus habitantes; con tanta escasez de comida, agua y alimento el promedio de vida de aquella población era de aproximadamente 40 años.
Así transcurría su adolescencia, con tanta falta de cariño y al cuidado de su madre, quién era exigente y con quién debía tener un trato sumamente especial para evitar sus arranques de ira.
"La vida injusta", como él la hacía llamar, en donde la felicidad no existía para los que habían nacido pobres. En donde el amor era inexistente y en donde no había ilusiones. No había nada.
Incluso dudaba de la existencia de un Dios, a pesar de haberle sido inculcada la religión católica. "Si Dios existiera, todos seríamos iguales, seríamos felices. Dios no existe."
Era la afirmación que le hizo sombra durante toda su vida. Alguien o algo en que depositar la poca fé que existía en su ser, algo en que creer. Ni siquiera podía creer en él mismo.
A pesar de tener varios hermanos (4 para ser exactos), nunca tuvo la confianza para apoyarse en alguno de ellos. Le gustaba hacer las cosas a su manera y solo.
Así anduvo por la vida: solitario. Tal vez sentía desilusión por la humanidad, tal vez la soledad lo impulsaba a ser mejor. Pero no podía estar solo todo el tiempo; eso acababa con su alma lentamente. 
Igual no esperaba lo que le tenía preparado el camino: curioso que lo que más vida le dio, sería lo mismo que lo haría morir.