Saudades... ese mal necesario que siempre nos persigue; realmente es imposible que exista una excepción, es como decir que no existe persona que no haya reído alguna vez en su vida. Hablando de reír, no les ha pasado que están en medio de una plática importantísima y se acuerdan de un chiste muy bueno? me pasa seguido, saben? Pero es una acción involuntaria, simplemente tengo la necesidad de reír a todas horas, lo cual me ha causado muchos problemas.
Es como la historia de aquella niña, esa que no dejaba de sonreír, pero que sonreía porque sentía felicidad por la nostalgia de una ausencia.
Sí, sí... resulta que tenía 4 años cuando experimento por primera vez ese sentimiento tan extraño. Su nombre provenía de una antigua lengua, mi lengua favorita: el náhuatl. Sus padres la bautizaron esperando que la Luna la protegiera siempre, que estuviera con ella en sus momentos de soledad y de tristeza, incluso cuando ella no quisiera compartir su sentir con nadie.
Así que en homenaje a la señora Luna (esa que se pone re grandota como una pelotota y alumbra el callejón), nombraron a la niña Metztli.
Metztli creció al cuidado de su hermana, una chicuelita de 11 años, que en ese entonces tenía un poco podrido el corazón, por diferentes motivos, pero su corazón estaba marchito.
La llegada de Metztli hizo que las heridas del corazón de su hermana sanaran poco a poco, pues la alegría de aquella pequeña niña era sumamente contagiosa, tan contagiosa como una epidemia de viruela. Así la hermana le tomó cariño, la consintió y le enseño algunas cosas que sabía y que le gustaban, en fin, compartió con ella una parte de su vida que otras personas desconocían.
Para no hacerles el cuento largo, Metztli casi cumplia 4 años, cuando su hermana se enojó mucho con ella... la pequeña había roto un documento importante de la escuela de su hermana. Llena de rabia, el corazón de la hermana se pudrió en un segundo y pronunció palabras que para una niña de 5 años no eran del todo creíbles, pero si comprensibles y pues, que finalmente dolían: "eres la peor hermana del mundo, no quiero que vuelvas a hablarme NUNCA!".
Claro que para Metztli esto sonaba más a broma que a una órden, así que no le tomo mucha importancia, realmente ignoró lo que su hermana le había gritado.
Pero al paso del tiempo Metztli comprendió que esas palabras habían sido muy enserio, pues su hermana empezaba a construir una barrera entre ellas, una barrera que atrofió un poco los sentimientos de Metztli, "supongo que era enserio lo que me dijo", se decía a si misma.
Cabe mencionar que Metztli es una de las personas que posee mejor léxico y vocabulario, es muy propia para hablar, claro, comparado con otros niños de su edad. Pues bien, Metztli se sentía herida y desconsolada ante las acciones de su hermana y en la noche, ella platicaba con la luna, le contaba sus pesares y esperaba que ella pudiera ayudarle a eliminar los rencores de "ella", de la que llevaba su sangre.
Más siempre que platicaba con la luna, Metztli terminaba aún más triste, pues la luna inerte nunca respondía a sus súplicas. Ella le decía: "de qúe sirvió entonces, luna, que mis padres confiaran en tí, si no puedes curar esta pequeña agonía que siento?", pero la luna nunca contestaba.
Y así paso el tiempo, sin que la rencorosa hermana le dirigiera una palabra a Metztli, así que la pequeña se hizo a la idea de que la "convivencia" ya sería siempre así; y era tan grande y bondadoso el corazón de Metztli, que empezó a sentirse feliz...
Feliz porque si a su hermana la hacía feliz no tenerla cerca, entonces ella era feliz. Pero aún así, ella sentía nostalgia por la ausencia de quién tanto amor le había dado por casi 5 años.
Y bueno, eso quiere decir "saudades", es una palabra portuguesa que significa: la felicidad que alguien siente por la nostalgia de una ausencia. Sinceramente me arrepiento de que mi hermana tuviera que conocerla a tan temprana edad, no fué hasta antes de que yo cumpliera mis 15, que una noche de luna llena, encontré un libro llamado "Perdonar y olvidar".....
Lloré como nunca, perdoné a mi hermana por un accidente que no fue cometido de manera dolosa, sin embargo, jamás me perdonaré el haber provocado que conociera las saudades a tan temprana edad.
Finalmente qué culpa tiene una niña de 4 años sobre las cicatrices que revivían los sentimientos malos en mi corazón?
Una cosa si agradezco: que mis padres hayan confiado en la luna, aquella que con ninguna palabra, dijo todo. Aquella que aún inerte, siempre protegió a Metztli.